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COLÚMNAS
Senador
Óscar Cantón Zetina
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Agosto 25 de 2003 ocanton.spri@senado.gob.mx
Colaboración Periodística
Vicente
Fox ante el Congreso de la Unión
Foxilandia aparte, ¿Algo Bueno qué Informar?
En
breve, el presidente Fox rendirá su tercer informe
de gobierno ante el Congreso de la Unión. La ceremonia
no es un simple ritual o un mero trámite burocrático,
sino de un mandato constitucional y así debe entenderse.
Un elemento importante de este evento consiste en que inicia
la LIX Legislatura y marca la mitad de la gestión foxista
que comienza así su cuenta regresiva.
Los integrantes de la nueva legislatura ya tienen una idea
clara acerca de cómo gobierna Fox y conocen que el
titular del Ejecutivo no sabe o no le interesa cuidar las
relaciones con el Poder Legislativo. Una lectura básica
de los tres años iniciales del foxismo es que los legisladores
tienen mejor disposición de colaborar con el gobierno
federal que éste en hacer su tarea de generar consensos
para bien del país.
Saben
también que en las pasadas elecciones del 2 julio,
Fox apostó, contra viento y marea, que su partido saldría
muy favorecido en la votación y por lo mismo tendría
la mayoría en la Cámara de Diputados. Con esa
fantasía como soporte, el presidente desdeñó
los consensos con la oposición y como ya es costumbre
en temas básicos para el desarrollo nacional, falló,
se equivocó en sus cálculos.
Los sueños se le esfumaron muy rápido a Fox.
El electorado, con todo y la manipuladora y costosísima
campaña que le recetaron desde Los Pinos, le dio una
cachetada de realidad y castigó, con la fuerza del
sufragio, las ligerezas e irresponsabilidades del gobernante
changarrero.
El trago amargo para el presidente aún no se digiere
pero, contra su voluntad, deberá enfrentar a diputados
y senadores al iniciarse un nuevo ciclo en la vida de la República
y consignar cuál el estado que guarda la nación.
La
incógnita radica, como lo han hecho notar hasta legisladores
del PAN, en ver si efectivamente el jefe del Ejecutivo informa
de algo bueno para los mexicanos, o se vuelve a burlar de
ellos, pues Fox ha salido un alumno muy aventajado al fabricar
desde su mente el país ideal llamado Foxilandia donde
todo es prosperidad, los changarros florecen, crece la economía
y no se cometen errores.
Entre
las burlas del foxismo están, además de la cadena
de promesas incumplidas como el 7 por ciento de crecimiento
anual del PIB, el rosario de declaraciones encaminadas a maquillar
los hechos que afectan a México. Quizá otra
vez vuelva a decir que ha disminuido el número de pobres
y el desempleo en el país.
Pudiera anunciar que mes tras mes, trimestre tras trimestre,
rendirá cuentas, ante el Congreso de la Unión
y a la ciudadanía, sobre la aplicación del presupuesto
aprobado, como parte del compromiso por ejercer estos recursos
“con transparencia, honestidad y eficacia” y de
las obligaciones de la Ley de Acceso a la Información.
Los miniinformes los planteó desde mediados del 2001,
cuando la entonces vocera presidencial, Marta Sahagún,
aseguró que el Ejecutivo, al cumplirse los primeros
seis meses de su mandato, presentaría a la opinión
pública un informe trimestral en el que expondría
los avances, metas y objetivos cumplidos en su administración,
con la finalidad de transparentar las acciones del gobierno
federal.
De
paso, la entonces vocera aseguró que el primer informe
foxista tendría modificaciones en su formato. No detalló
cuáles serían, y afirmó que los miembros
del gabinete federal tendrían la obligación
de presentar un informe mensual sobre las acciones de las
dependencias a su cargo. Obvio, no cumplió.
Como
es costumbre en el foxismo, ni se materializaron los prometidos
miniinformes y el proyecto de cambiar el formato presidencial
terminó en el basurero. Por eso la pregunta es: ¿qué
informará Fox más allá de los remiendos
y parches de lo que considera son sus logros? ¿Callará
ante aquello que contradice sus mentiras y fantasías
de Foxilandia?
¿Cómo
explicará que los programas que ha creado no pasan
más allá del anuncio y del espectáculo,
como ha ocurrido con sus ya famosos changarros? ¿Anunciará
nuevos bandazos en la política exterior? ¿Sobre
qué versarán sus frases estudiadas para arrancar
el aplauso de sus disminuidos seguidores?
¿Qué
dirá Fox sobre sus maniobras para entregar Pemex a
los inversionistas extranjeros, mediante la aplicación
de los anticonstitucionales contratos de servicios múltiples?
¿Tendrá el cinismo de volver a decir que los
derechos humanos son prioridad de su gobierno? ¿Qué
planteará sobre la falta de crecimiento económico
o del millón 300 mil empleos anuales que se generarían
durante su gobierno?
En
verdad, alguien tiene que advertirle al presidente que al
estar de cara ante la nación la gente, la sociedad
en su conjunto, espera definiciones, no ocurrencias. Es necesario
que alguien le diga a Fox que ya nadie le cree sus mentiras.
En
síntesis, en el tercer informe de gobierno foxista
lo tangible es que el país está en crisis y
para Fox se plantea una disyuntiva fundamental: o gobierna
o empieza a tramitar su jubilación y que sea el Congreso
quien mantenga la gobernabilidad.
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August 25, 2003
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